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El día después...

Fiesta en casa...

¿Alguien me recomienda alguna consolita de dj virtual para instalar en la compu? La idea es que mezcle automáticamente (y lo más decente posible) los temas y me permita bailar en mi propia fiesta.
Ya que estamos, pueden sumar un tema indispensable para este sábado.
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Please Please Please, Let Me Get What I Want

Dando vuelta por algunos mp3 blogs llegué a Songs Illinois y encontré una muy buena versión del tema de The Smiths "Please Please Please, Let Me Get What I Want", hecha por un grupo llamado "The Lancaster Orchestra".

La música que escuchan todos...

Hace rato que quiero escribir sobre lo que sigue. Las ganas me vinieron una noche, después de participar de una conversación que, con el transcurso de las horas y la mengua del vino, se acaloró de un modo muy curioso y después se derritió. Una especie de discusión a baño maría entre un amigo, mi novio y yo.

Estábamos en casa, charlando relajados después de cenar. La primera piedra la tiró mi novio al reprocharme por no haber puesto música de fondo y hacer el comentario de que cuando estamos con amigos yo nunca musicalizo por motu proprio (se ocupó de recordármelo porque está harto de pedirme que haga esto). Además, tuvo la insolencia de decir que no entendía para qué tenía yo tantos discos, si después de todo los escuchaba sólo cuando me ponía el discman. En definitiva, me acusaba de cierta actitud egoísta en relación a compartir mi música.

En ese momento, como no me sentí tocada por el disparo, prácticamente no reaccioné. Pero me quedé pensando en que tenía razón: últimamente cuando viene gente a casa no me sale ir a buscar un disco para que suene de fondo. A menos que alguien pida algo en especial o que el objetivo de la reunión sea escuchar música (tengo un amigo con el que nos juntamos a cambiar figuritas y, en esos casos, yo diría que desde que nos saludamos hasta que busco los discos deben pasar unos 20 segundos como máximo). Tampoco funciono así cuando la idea del encuentro es bailar (casi todos mis amigos padecieron algún set de Dj-P).

Me quedé carburando todo esto para dar una respuesta que refutara la acusación de "canutismo musical" que pesaba sobre mí (¡qué odiosos los canutos, esos que creen que tienen la posta y se la guardan para su solitario onanismo!). La verdad es que esa conducta me resulta un poco contradictoria si la comparo con el resto de mis actitudes. Sobre todo porque yo me considero, en cuestiones musicales, una persona muy generosa. Se trata de una cuestión que me sale naturalmente y tal vez linde con el egocentrismo: querer que mis amigos escuchen lo que yo escucho, creer que a los demás la música les puede hacer tan bien como a mí, pensar ingenuamente que todo el mundo experimenta del mismo modo el simple y a la vez complejo proceso de escuchar música.

Todo esto, aunque no lo parezca, explicaba bastante el problema y entonces, después de un rato retruqué: "Si pongo la música que a mí me gusta mientras hablamos, no la puedo escuchar. O mejor dicho, si mientras hablo con ustedes suena música que me gusta, no los puedo escuchar". Y es muy cierto. Toda la vida me pasó. Recuerdo que cuando era adolescente tenía la idea de ser la persona que más gozaba de la música en todo el planeta. Sentía que a los demás no les entusiasmaba tanto como a mí, que no les generaba emocionalmente lo mismo o que no se abstraían tanto del mundo como yo. Alguna vez experimenté la necesidad de ir a apagar el reproductor porque alguien me contaba algo importante, y yo no podía prestar atención. Es que para mí, la música no puede estar "de fondo": yo soy de las personas que jamás pudieron estudiar en un bar.

A pesar de esto que cuento, siempre fui una activista de la difusión musical. A aquellos amigos que alguna vez demostraron un mínimo interés, les he taladrado la cabeza persiguiéndolos para que escucharan tal o cual disco. Unos cuantos me van a dar la razón.

Esto, entonces, derivó hacia la pregunta por la medida del disfrute. A mí me gusta muchísimo la literatura, me he quedado miles de noches en vela para llegar hasta el final de alguna lectura que me impactó profundamente. Estudié una carrera relacionada con la literatura. Pero ni a palos es lo mismo. Y no sabría explicar por qué. También me gusta mucho el cine, que podríamos decir que abarca a estas dos artes, pero tampoco hay punto de comparación. ¿Será una cuestión de gusto nomás o tendrá que ver con modos de percibir y elaborar determinada informacón?

¿Experimenta el mismo tipo de placer aquel al que le apasionan las artes plásticas? ¿y el que se muere por el fútbol? De esto estábamos hablando cuando se armó. Según Gaby, para que una persona pueda sentir placer haciendo algo, tiene que ser mínimamente buena en aquello que hace o, por lo menos, tiene que tener algún tipo de facilidad para esto. Inmeditamente argumentó que mi caso se explicaba por este principio: según él, a mí "me sale" tocar un instrumento o bailar (no significa que lo haga brillantemente, sólo que tengo alguna disposición para eso), y como no me requiere un esfuerzo descomunal, entonces me gusta. Yo retruqué que no tenía nada que ver una cosa con la otra, que gustar de la música es una cosa, practicar música es otra y bailarla, otra completamente diferente. No compró mucho, pero por lo pronto cambió la perspectiva.

La cosa ahora pasaba por el hacer. Gaby cree que nadie puede gozar haciendo algo para lo que es torpe, para lo que no está dotado, nadie puede disfrutar con algo que hace verdaderamente mal. Pablo refutó enumerando ejemplos que no cumplían con la premisa. A mí me vino a la mente la idea del pibe que toca la guitarra desastrozamente y, a pesar de eso, persevera (no importa si triunfa o no, porque esa no es la discusión). O la del tipo que está esperando toda la semana que llegue el viernes para ir a jugar al fútbol y es de madera terciada. Ante eso, la pregunta fue: ¿esas personas se dan cuenta de lo mal que tocan la guitarra, juegan al fútbol, etc? Sí, fue la respuesta de Gaby. Eso se sabe. ¿Y entonces?, ¿qué querés decir con "bien" o "mal"?, pregunté. Desenvolverse, me contestaron. En teoría, estábamos hablando de desenvoltura y no de destacarse. A mí me pareció que no. Al final, yo ya no sabía muy bien de qué se trataba la charla, pero me dio la impresión de que en este tema nadie podía hablar por fuera de su propia experiencia.

En fin, después de gritar un poco por la borrachera, la cosa siguió por otros lados y no hubo ningún acuerdo. Mejor así. Bah, no sé.