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Siamo Fuori

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Mi lunavier laboral se compone de una serie de actividades heterogéneas, a veces espaciadas y otras amontonadas, que podríamos llamar "el rebusque". No se trata del mismo rebusque de la persona que tiene que sobrevivir a base de changas porque no tiene empleo, ni del rebusque del tipo que se las ingenia para no trabajar, pero aún así proveerse de un sustento. No. Lo mío discurre por el lado de de no caer en la monotonía o en el laburo esclavizante, y eso lo consigo a través del cumplimiento de tareas que, si bien son interesantes y se desarrollan con un relativo bajo grado de presión, no me representan del todo. Sí me configuran: yo soy todo aquello que hago (soy profesora de español, soy la que fabrica y diseña imanes decorativos y soy mis demás etcéteras). Soy, también, muy conciente de que mi situación es afortunada.
Podría no tener trabajo, o podría estar todavía en el mismo local de animación de fiestas infantiles en el que me encerraba todos los malditos fines de semana entre mis 18 y mis 20 años. Por suerte (y por ahora), estoy lejos de esa situación, así que estoy agradecida.
Decía que no tengo la sensación de que lo que hago durante la semana me represente porque no son actividades con las cuales me identifique demasiado. Nada nuevo para muchos, me imagino. ¿Cuántos son los dichosos que consiguen trabajar en aquello que realmente desean?

Mis fines de semana durante los últimos cinco años fueron bien distintos a lo que eran los de antes.
Me gustaba, y todavía me gusta, ir a trabajar los sábados a la radio. No porque producir un programa sea algo que yo siempre quise o porque sí pueda decir que me reconozco como "productora de radio". No, tampoco es eso. Es algo mucho más simple. Estoy en un espacio en el que se pasa la música que me gusta, en el que siento que se aporta algo al presentar a artistas que no tienen demasiados canales a su disposición para difundir lo que hacen y, por sobre todas las cosas, en el que me siento sapo-del-mismo-pozo. Lo que parece tan básico como el "sentido de pertenencia" (por así decirlo, aunque esta palabra es un poco desagradable) es un karma que me persiguió siempre.

La primera vez que experimenté fuertemente esta necesidad fue a los 12, cuando comencé la secundaria (recuerdo mi tercer día de clases, la primera vez que hablé con Melina la rubia y me comentó que iba a bailar "a la noche" con la hermana: yo no entendía un pomo de lo que me hablaba porque ni siquiera sabía que existían distintos "turnos" en las discotecas). Luego, a los 14, se presentó el problema de la música y de encontrar con quién compartir esa pasión (cuando atravesé la etapa sesentosa, llegué a pensar no sólo que estaba en el lugar incorrecto sino también que había nacido en el tiempo incorrecto: escuchaba The Mamas and the Papas y decía: "¡ven! ¡yo tendría que ser una Mama, y andar por la vida con mi pelo largo coreando California Dreaming!"). Menos mal que se me pasó. A los 16 me agarró con la literatura. Me fumaba toda la tarde del sábado en reuniones literarias con un grupo de un taller barrial en el que la más chica era yo, y la que me seguía en edad tenía 60.

En resumen: aquello de encontrar gente con la que compartir ciertas ideas, preferencias, salidas, etcéteras fue siempre todo un tema. Pero también sucedía que yo no lo resolvía de la mejor manera y que, desde mi modo de ver, tenía algo de mala suerte.
Aclaremos algo: siempre tuve mi grupo de amigos/as. En una época, eran del barrio, en otra, del colegio y en ahora, del popurrí de la vida. Jamás fui una inadaptada social. ¿OK?
El tema es que cuando quería ir a un recital, o iba sola o tenía que arrastrar a alguno de los pelos que venía en calidad de acompañante más que de interesado. Cuando "descubría" alguna joyita en el parque lo comentaba con mi almohada. Todavía continúo divulgando lo que me bajo por internet, porque me sale de adentro querer compartir lo que a mí me hace feliz. Pero me sigue costando encontrar un interlocutor por fuera de aquellas amistades que ya a esta altura deben estar repodridas de recibir recomendaciones que nunca pidieron (!!!). Es que con mis amigos coincidimos en muchas cosas, pero en lo que a la música se refiere puedo decir que siempre fue algo sin resolver.
Así que cuando empecé en Mal elemento estaba contenta. Llegué a ese lugar de casualidad y resultó que la cuestión afinidad se conjugaba con otra cosa que no contemplaba: el trabajo. Nunca me lo tomé como un "tr#%-b@!!-j*$$*", es decir aquello que a veces se cumple sin ganas y cuya principal motivación es la económica (que nunca existió, por cierto) sino más bien como una actividad. Eso fue posible porque estaba cómoda en ese lugar, y porque ese famoso "sentido de pertenencia" se veía en alguna medida cubierto: les va a parecer tonto, pero llegar a la radio y que alguien esté hablando sobre el disco que bajaste y gastaste esa misma semana, les juro, que da una sensación de tranquilidad.
Por otro lado, nunca me sentí ligada a la emisora. Algo que podría sonar contradictorio, pero que no lo es en absoluto. A la hora del programa siempre fue una radio fantasma, algo que nunca se me ofreció como lo que realmente es. Evidentemente, no le interesamos más (o nunca le interesamos demasiado) a la radio, y eso me da mucha lástima: en lo personal, significa perder un pozo que estaba bueno, y si voy un poco más allá de mí, puedo decir que siento que me resulta frustrante el hecho paradójico de que en una ciudad con tanta oferta cultural y tanta diversidad, en la que hay público para "casi" todo (no me jodan, el año pasado fui a ver a Stereo Total y había gente coreando sus canciones en alemán), cada vez haya menos espacio en los medios para presentar propuestas distintas.
Estoy triste porque el sábado que viene es el último programa y después no sé qué va a pasar (tal vez consigamos lugar en algún otro lado, tal vez no). Si no sucede nada, la buena noticia es que vuelvo a tener las noches de los sábados libres, después de muchos años de fiestas infantiles, bares y radio (¡Gaby se merece esto!). Si seguimos en otro lado, no me va a molestar porque después de todo, los sábados a la noche están para ir a ver shows y ustedes no querrán que me los lleve conmigo de los pelos. ¿O sí?

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